¿Por qué nos atrae tanto el arte abstracto?

Pensar en lo abstracto parece ser como regresar a la infancia, cuando la imaginación era la regla y los conceptos eran contados con los dedos de las manos, por lo que tenían más importancia los monstruos y los dibujos de manchas y figuras sin forma específica, que lo que pudieran significar. Nada debía tener un sentido particular, porque el sentimiento que despertaba era suficiente. Puede ser por esto que regresar a lo abstracto en la adultez resulta ser bastante atractivo.

Todos somos niños en algún momento de la vida, y es ahí cuando experimentamos la libertad de crear y de apreciar lo que nos rodea por lo que parecieran ser las razones más simples: lo mucho que nos agrada, la felicidad que nos causa, o lo que nos hace sentir. Pero simple está lejos de ser la forma de definir estas reacciones. La idea racional de intentar  reducir las emociones presentándolas como algo menor que la lógica, solamente les quita el gran rol que juegan en nuestras vidas, el hecho de que expresarlas y experimentarlas nos otorga una mayor libertad que la de encontrarles un significado concreto.

Esto supo comprenderlo el arte abstracto, que intuyó, desde la época en la que surgió hasta la actual, que existía una demanda por un arte que apreciara la conexión emocional que puede despertar en otros, y que al hacerlo no dependiera de algo más para trascender. Esta lejanía de lo concreto y de la representación del mundo, genera una sensación de mayor originalidad en el arte, lo que pareciera hacerlo aún más especial: si la pintura no parece, ni busca parecer un paisaje montañoso, sino expresar lo que se siente ver uno, de repente es más única que cualquier reproducción que se pudo hacer del paisaje alguna vez. Más en una sociedad en la que existen cámaras que capturan mucho mejor que cualquier pintura dicho paisaje y que cuestionan la necesidad inicial del arte para hacerlo.

El arte abstracto en la historia del arte

Puede que esto sea lo que haya llevado a artistas como Kandinsky y Pollock a incursionar en el arte abstracto a inicios del siglo XX, cuando la regla era un arte que reproducía al mundo exterior de la mejor forma y, parecía haber un olvido por el mundo interior, aquel que no tenía reproducción concreta, que requería una visión subjetiva, otro tipo de lenguaje y de expresión en las obras de arte.

Pero el interés no fue únicamente de los artistas, porque el público, quien aprecia y recibe el arte, también se vio atraído por este tipo de expresión que recordaba un tiempo más simple, cuando los dibujos hechos con los dedos causaban una gran emoción para el niño que los hacía y para sus padres. Sin embargo, Meyer Shapiro escribe en la revista On-Curating que la respuesta que recibe el arte abstracto puede ser mucho más compleja de lo que creemos, si tenemos en cuenta el contexto, el momento histórico y el mismo interés de los artistas por acercarse al arte abstracto.


Andrés Kal – The Age of Speech

Primero, está la cuestión inevitable de la forma en que la sociedad reacciona ante los fenómenos que la rodean. Ni siquiera hay que entenderlo a gran escala, cuando esto ocurre de forma individual. Si alguien se sobresatura de algo, esto le causa agotamiento y genera en él una reacción: demasiado dulce provoca un deseo por algo salado, trabajar por un tiempo prolongado requiere después tiempos de ocio, etc. El arte abstracto nació como una reacción hacia el arte “representativo” que de cierta forma dependía de la realidad para ser apreciado. Cansados de esto, tanto artista como público apostaron por otra sensibilidad, una opuesta a la apariencia externa de la realidad y que comprende la subjetividad difícil de expresar de artista y espectador.

Tal vez, es por esto que resulta más interesante aproximarse a la libertad que implica el arte abstracto. La forma en que no requiere ser comparado para ser apreciado, cómo tiene más de un significado, tanto para el artista como para quien aprecia la obra, y así permite que todas estas experiencias sean válidas. Es así como parece darle una cualidad más artística y única al arte, mientras nos recuerda que aquello que sentíamos cuando chiquitos, nuestra parte emocional y poco racional, no solo es muy importante sino que todavía nos acompaña, ya sea en un museo, en una galería o en nuestro propio hogar, cuando decidimos dejar entrar a las obras de arte abstracto en nuestras casas.

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